El lago Vichuquén ya no está verde ni huele mal, pero la amenaza de una nueva emergencia sanitaria sigue latente. A pocos meses del verano, las cianobacterias que obligaron a prohibir el contacto con el agua durante gran parte de 2025 dejaron al descubierto un problema que lleva décadas gestándose: la acumulación de nutrientes en los sedimentos. La economía local, que depende en un 80% del lago, aún no se recupera del golpe reputacional y turístico. Un informe encargado por ONG Fima a la Alianza Mundial de Derecho Ambiental (ELAW) señala que el exceso de fósforo y nitrógeno proviene principalmente de actividades humanas: plantaciones forestales de pino y eucalipto (que cubren el 68% de la subcuenca), agricultura, erosión y aguas residuales. Cristóbal Galbán, investigador del Centro GEMA de la Universidad Mayor, advierte que aunque los aportes externos disminuyan, el lago seguirá liberando nutrientes desde el fondo durante años. El seremi de Medio Ambiente del Maule, Felipe Massardo, confirmó que estos antecedentes ya forman parte de la elaboración de la Norma Secundaria de Calidad Ambiental. El alcalde de Vichuquén, Patricio Rivera, reconoce que las condiciones sanitarias han mejorado, pero la incertidumbre persiste: la habilitación del lago para actividades dependerá de las lluvias de los próximos meses.
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