La industria mundial de la avellana atraviesa uno de los cambios más relevantes de la última década. Mientras Turquía —históricamente el principal productor y exportador del mundo— enfrenta una fuerte caída en sus envíos internacionales producto de las heladas que afectaron su última cosecha, Chile continúa fortaleciendo su posición como uno de los grandes actores del mercado global. El escenario abre una oportunidad inédita para el país, que ya figura entre los dos principales exportadores mundiales y continúa aumentando su capacidad productiva e industrial. Las cifras reflejan este cambio de escenario. Durante el primer cuatrimestre de 2026, las exportaciones turcas de avellanas disminuyeron cerca de un 31% respecto del mismo período del año anterior, reduciendo significativamente la oferta disponible para la industria alimentaria mundial. Paralelamente, distintos estudios internacionales proyectan que el mercado global de la avellana continuará creciendo durante la próxima década, impulsado principalmente por la demanda de la industria chocolatera, alimentos saludables y nuevos productos derivados. En Chile, el crecimiento no solo se observa en las exportaciones. Durante los últimos meses se han anunciado nuevas inversiones industriales, como la inauguración de la planta de procesamiento de avellano más austral del mundo en Osorno y la expansión de proyectos vinculados a Ferrero. A ello se suma la proyección realizada por Jorge Mohr, director de Nefuen, quien estima que la industria nacional podría duplicar su tamaño durante la próxima década, alcanzando una facturación cercana a los US$1.200 millones. Para especialistas del sector, el desafío ya no pasa únicamente por aumentar las hectáreas plantadas, sino por asegurar que los nuevos huertos nazcan con material vegetal de alto estándar. En ese contexto, viveros especializados como Vivero Cuatro Vientos, en la Región del Maule, han orientado su trabajo hacia el desarrollo de genética local y propagación in vitro, buscando entregar plantas homogéneas, sanas y adaptadas a las condiciones productivas chilenas. La calidad de las plantas comienza a transformarse en un factor estratégico para sostener el crecimiento que hoy vive la industria. Las proyecciones internacionales indican que el mercado mundial de la avellana podría superar los US$21.000 millones durante la próxima década. Frente a ese escenario, Chile enfrenta una oportunidad histórica para consolidarse como uno de los principales proveedores del mundo. La combinación entre inversión, infraestructura, innovación genética y desarrollo tecnológico aparece hoy como uno de los principales pilares para mantener la competitividad del país en una industria que continúa ganando protagonismo a nivel internacional.
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