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No faltan jóvenes, falta mostrarles futuro en el campo

Hace algunos días, un medio de circulación nacional publicó una nota sobre una preocupación creciente: la dificultad para atraer y retener jóvenes en las actividades del campo. Más allá del dato, la reflexión es incómoda, tal vez el problema no está solo en que los jóvenes no quieran trabajar en el mundo rural, sino en que muchas veces no hemos sabido mostrarles que ese mundo también puede ser una trayectoria de futuro.

El fenómeno no es exclusivo de Chile. A nivel mundial, los jóvenes siguen siendo claves para los sistemas agroalimentarios, pero cada vez menos ellos lo ven como una opción atractiva. Por eso, las buenas prácticas no se limitan a pedirles que se queden, combinan formación técnica, financiamiento, emprendimiento, digitalización y mejores condiciones de vida rurales.

Para el Maule, esta conversación no es abstracta. Aquí la agricultura, la agroindustria, la logística y la maquinaria agrícola son parte de nuestra identidad productiva. Hace pocos días, representando a Educación Continua de INACAP en una Mesa de Capacitación Laboral convocada por la Seremi de Economía del Maule, apareció una idea clara: la región no necesita más cursos; necesita formación pertinente, conectada con empresas y medida.

Uno de los temas de fondo fue la retención de talento joven. Muchos jóvenes no necesariamente sueñan con irse; simplemente no siempre encuentran razones suficientes para quedarse. Y cuando sienten que para crecer deben salir de su región, el problema no está solo en su decisión personal, sino en la capacidad del territorio para ofrecerles futuro.

En el agro, el desafío es evidente. Si el campo se sigue mostrando solo como temporada, esfuerzo físico o baja proyección, difícilmente será visto como una opción deseable. Pero si lo presentamos como un espacio donde conviven tecnología, datos, riego inteligente, maquinaria especializada, trazabilidad, logística y sostenibilidad, la conversación cambia.

El agro que viene no requerirá únicamente más mano de obra. Requerirá operadores con competencias digitales, técnicos en mantenimiento preventivo y personas capaces de gestionar procesos, calidad, eficiencia hídrica y tecnologías aplicadas al campo. El desafío es transformar oficios tradicionales en trayectorias laborales modernas.

Desde la educación superior estamos desarrollando proyectos formativos que apuntan a esa transformación: tecnologías aplicadas al agro, mantenimiento y gestión de maquinaria agrícola, industrialización, trazabilidad, análisis de datos y eficiencia productiva. No se trata solo de ocupar vacantes, sino de conectar necesidades productivas con las aspiraciones de quienes podrían ser parte de su futuro.

El recambio generacional no se resolverá pidiendo a los jóvenes que vuelvan al campo de antes. Se resolverá si somos capaces de construir un campo distinto, más tecnificado, conectado y con oportunidades. Porque si queremos que el campo siga siendo motor de desarrollo para el Maule, no basta con ofrecer trabajo, hay que ofrecer futuro.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Publimicro.

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