En solo seis años, la proporción de familias chilenas sin capacidad de comprar una vivienda pasó del 60% al 80%, según revela un análisis del Diario Financiero. La combinación de tasas de interés elevadas, precios de propiedades al alza y salarios que no logran ponerse al día está dejando a la mayoría de los hogares fuera del mercado inmobiliario. El fenómeno, que el medio califica como un “país de arrendatarios”, refleja un cambio estructural en el acceso a la propiedad. Mientras en 2017 seis de cada diez familias no podían comprar, hoy la cifra escaló a ocho de cada diez, presionando a un número creciente de personas a optar por el alquiler como única alternativa. Para el sector inmobiliario y constructor, la señal es alarmante: la demanda potencial se reduce drásticamente, lo que impacta en la viabilidad de nuevos proyectos y en la rotación de inventarios. Además, la dificultad de acceso a la vivienda propia podría generar tensiones sociales y políticas, al tiempo que redefine el mercado de arriendos, con precios que también suben por la mayor demanda. Aunque el artículo no detalla medidas específicas del gobierno o del sector privado para enfrentar la crisis, el dato confirma una tendencia que ya se venía advirtiendo: la meta de la vivienda propia se aleja para la mayoría de los chilenos, y el país se encamina a un modelo donde el arriendo será la norma.
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