Detrás de una botella de vino premium existe un proceso que puede extenderse por años y que combina inversión, conocimiento técnico, condiciones naturales y paciencia. Especialistas de la industria vitivinícola explican que el precio de un gran vino no depende únicamente de la calidad de la uva, sino también de factores como el tiempo de guarda, el origen del viñedo, la crianza en barricas y los costos asociados a la producción y comercialización. Según los enólogos Héctor Saldivia y Felipe de Solminihac, uno de los mayores costos ocultos es precisamente el tiempo que transcurre entre la cosecha y la salida al mercado. Los expertos destacan además la importancia del denominado terroir, concepto que reúne suelo, clima y manejo agrícola. En los vinos de alta gama se privilegian menores rendimientos por hectárea para obtener una mayor concentración y calidad, lo que incrementa los costos. A ello se suman los efectos del cambio climático, que han obligado a la industria a adaptarse a fenómenos como sequías y variaciones extremas de temperatura. También influyen procesos de crianza más sofisticados, incluyendo el uso de barricas francesas y americanas de alto valor y una rigurosa selección de los mejores sectores de cada viñedo. Pese a estas exigencias, Chile continúa siendo reconocido internacionalmente por ofrecer una de las mejores relaciones precio-calidad del mercado. El país se mantiene entre los principales exportadores de vino del mundo, aunque el gran desafío sigue siendo aumentar la valorización de sus etiquetas premium. Los especialistas coinciden en que, además de la tecnología y las condiciones naturales, el factor humano sigue siendo clave para alcanzar la excelencia, desde el trabajo en el viñedo hasta las decisiones enológicas que terminan definiendo la calidad de cada botella.
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