En el marco de la Jornada de Diabetes y Obesidad, la psicóloga Daniela Lafferte, autora y expositora de la instancia, presentó una reflexión sobre el burnout, fenómeno cada vez más frecuente entre profesionales de la salud y personas sometidas a altos niveles de exigencia emocional y laboral. La exposición abordó sus causas, diferencias con el estrés, factores de riesgo y estrategias de prevención, destacando la importancia del autocuidado para preservar la salud integral. Durante su presentación, Lafferte explicó que el burnout corresponde a un estado de agotamiento físico, mental y emocional provocado por estrés laboral crónico, diferenciándose del estrés convencional porque persiste en el tiempo y no desaparece únicamente con descanso o vacaciones. “El burnout es grave. Surge por sobrecarga laboral y afecta la motivación, el desempeño y la salud”, enfatizó la profesional durante la jornada.
Más allá del cansancio: cuando el agotamiento se vuelve permanente
Según lo expuesto por Daniela Lafferte, el burnout presenta tres dimensiones principales: agotamiento emocional, despersonalización y disminución de la realización personal. Esto puede traducirse en falta persistente de energía, desconexión emocional con pacientes o usuarios y sensación constante de insuficiencia profesional. La especialista señaló que, mientras el estrés permite mantener la energía y suele disminuir una vez superada la situación demandante, el burnout provoca una caída progresiva de recursos físicos y psicológicos, pudiendo requerir semanas o meses para la recuperación.
Historia personal y autoexigencia: factores que aumentan el riesgo
Uno de los aspectos centrales de la exposición fue el análisis de cómo determinadas experiencias tempranas y dinámicas familiares pueden influir en la predisposición al agotamiento crónico. Roles de cuidado asumidos durante la infancia, necesidad de aprobación y tendencia a priorizar las necesidades ajenas por sobre las propias pueden transformarse en factores de vulnerabilidad.
Asimismo, Lafferte identificó características frecuentes en personas con mayor riesgo de burnout:
- Perfeccionismo y autoexigencia extrema.
- Dificultad para delegar responsabilidades.
- Excesiva empatía y sobrecompromiso laboral.
- Necesidad constante de validación.
- Problemas para establecer límites saludables.
Estas condiciones, combinadas con ambientes laborales tensionados, pueden favorecer la sobrecarga sostenida y el deterioro progresivo del bienestar.
Consecuencias físicas: sueño, alimentación y energía
La autora de la jornada explicó que el burnout también repercute en procesos fisiológicos. Alteraciones del sueño, disminución de energía y cambios en la conducta alimentaria aparecen como respuestas frecuentes frente al estrés prolongado. Dormir mal, indicó, reduce la disponibilidad energética y aumenta la búsqueda de alimentos altos en azúcares y grasas.
Además, el mantenimiento constante de estados de alerta genera dificultades para recuperar el equilibrio físico y emocional.
Estrategias de prevención: límites, descanso y regulación emocional
Como parte de las herramientas propuestas, Daniela Lafferte enfatizó la necesidad de:
- Aprender a decir no y establecer límites.
- Priorizar descanso y sueño reparador.
- Mantener hábitos alimentarios regulares.
- Diferenciar situaciones modificables de aquellas que requieren aceptación.
- Aplicar técnicas de respiración para reducir la activación fisiológica del estrés.
Entre las estrategias prácticas compartidas destacó la respiración diafragmática 4-7-8, consistente en inspirar durante cuatro segundos, mantener siete y exhalar ocho, con el objetivo de activar mecanismos corporales asociados a relajación y regulación emocional.
Un llamado a cuidar a quienes cuidan
La exposición concluyó con una invitación a replantear la relación entre productividad y bienestar, recordando que quienes trabajan acompañando o cuidando personas requieren también espacios de autocuidado y recuperación. En una sociedad donde el descanso suele ser subvalorado, la Jornada de Diabetes y Obesidad, dirigida por Daniela Lafferte, puso sobre la mesa una reflexión clave: prevenir el burnout no solo mejora la calidad de vida individual, sino también la calidad del cuidado entregado a otros.
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