Este domingo, Perú define su próximo presidente en una segunda vuelta que enfrenta a la derechista Keiko Fujimori y al izquierdista Roberto Sánchez. En una campaña marcada por la inestabilidad política —ocho presidentes en una década—, ambos candidatos incluyeron a Chile en sus estrategias, ya sea para respaldar a figuras locales o para desmarcarse de polémicas declaraciones. Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, viajó a Chile en abril para asistir al cambio de mando de José Antonio Kast. Allí, pese a diferencias ideológicas, apoyó la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU, calificándola como “una mujer muy preparada”. También se mostró a favor de un corredor humanitario entre Chile y Perú, propuesto por el gobierno de Kast, aunque condicionado a los resultados electorales en Perú y Colombia. Por su parte, Sánchez tuvo que salir al paso de los dichos de Antauro Humala, quien amenazó con “declararle la guerra a Chile” si ganaba la izquierda. El candidato de Juntos por Perú aseguró que “no existe ningún problema territorial con Chile” tras el fallo de la Corte sobre delimitación marítima, y prometió profundizar las relaciones comerciales y de cooperación. “Chile es un socio comercial y tenemos una relación histórica muy importante”, reiteró tras votar. El resultado de estas elecciones definirá no solo el rumbo interno de Perú, sino también la relación bilateral con Chile, en un contexto donde ambos candidatos han buscado proyectar estabilidad y buenos vínculos con el vecino del sur.
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