Gabriel Boric dejó La Moneda y se mudó a un departamento arrendado en el piso 14 de un edificio en San Miguel, mientras remodela una casona de 90 años en la misma comuna. Su llegada transformó la rutina del barrio: los vecinos lo ven comprar yogures con cereales en el minimarket «Tatita Jaime», pedir shawarmas en un food truck y pasear en bicicleta con su hija. Incluso tocó timbres para presentarse a sus vecinos de piso. La dirigenta social Geraldine Guerrero organizó una bienvenida tras dejarle una carta en la conserjería. Boric la llamó personalmente para aceptar, pero los viajes al extranjero —foros en España y Berlín junto a otros presidentes— retrasaron el encuentro. En paralelo, el exmandatario participó en las Unidades Congresales del Frente Amplio en su comuna, donde pidió que no lo idolatraran durante los debates. El barrio también se adapta a las obras de la casona, que durarán entre ocho y nueve meses. Mientras tanto, Boric vive como un vecino más, y su presencia ha generado curiosidad y un nuevo tipo de interacción en una comunidad acostumbrada a discutir problemas cotidianos como el estado de los juegos infantiles.
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