La enfermedad silenciosa del tenis juvenil chileno | Publimicro

La enfermedad silenciosa del tenis juvenil chileno

La crisis del tenis juvenil chileno no se explica solo por la baja de jugadores, la falta de torneos o el costo que deben asumir las familias. Ese es el síntoma. Pero hay una enfermedad más profunda: la forma en que muchas veces se entiende la dirigencia deportiva.

Cuando una persona llega a dirigir un club, una asociación o una institución deportiva, debería tener una sola prioridad: el desarrollo del deporte. No el interés personal, no el beneficio de un grupo específico, no las conveniencias particulares, sino el crecimiento de todos los niños y jóvenes que forman parte del sistema.

Lamentablemente, muchas veces eso no ocurre.

En el tenis menor, uno de los grandes problemas es que las decisiones no siempre se toman pensando en el circuito completo. A veces se piensa desde intereses pequeños, desde conflictos internos o desde miradas de corto plazo. Y cuando eso pasa, los más perjudicados no son los dirigentes: son los jugadores.

El resultado está a la vista. Se caen torneos, se pierde continuidad, los clubes se desgastan y los niños tienen cada vez menos oportunidades para competir. Y si un jugador joven no tiene torneos, no tiene roce; si no tiene roce, no progresa; y si no progresa, tarde o temprano se aleja del tenis.

Por eso hay que decirlo con claridad: el tenis juvenil no solo necesita más recursos. Necesita mejores dirigentes.

Necesita personas capaces de entender que asumir un cargo deportivo no es ocupar un espacio de poder, sino tomar una responsabilidad. Ser dirigente no puede ser una herramienta para resolver intereses particulares. Debe ser un compromiso con una comunidad deportiva completa.

Desde regiones conocemos bien esa realidad. Sabemos lo difícil que es organizar torneos, conseguir apoyo, mantener calendarios y generar espacios para los juniors. Pero también sabemos que cuando hay voluntad, visión y compromiso real, las cosas se pueden hacer.

El tenis chileno necesita una renovación dirigencial profunda. No necesariamente de nombres, sino de mentalidad. Menos cálculo interno y más proyecto deportivo. Menos intereses particulares y más mirada colectiva. Menos disputa chica y más responsabilidad con los jóvenes.

Porque si seguimos permitiendo que el tenis menor dependa de conflictos dirigenciales, seguiremos perdiendo jugadores, torneos y futuro. Y el tenis chileno no está para seguir perdiendo futuro.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Publimicro.

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