La esperanza de reanudar el tráfico comercial por el estratégico estrecho de Ormuz se desvaneció abruptamente este lunes, tras un breve intento de reapertura que terminó con la primera incautación de un carguero iraní por parte de la marina estadounidense. Este movimiento, ocurrido en aguas del puerto iraní de Jask, elevó las apuestas para los armadores y amplió la zona de riesgo en el Golfo Pérsico, donde el tráfico ya estaba reducido a un goteo tras siete semanas de guerra. La acción estadounidense, que apresó el buque cuando se dirigía a Ormuz, provocó una respuesta inmediata en los mercados: el precio del petróleo Brent saltó un 4,58%, alcanzando los US$94,52 por barril, mientras que el West Texas Intermediate subió un 5,53% a US$88,49. La volatilidad disuade a los armadores, como señaló Ivan Mathews, jefe de análisis APAC de Vortexa Ltd, quienes adoptan un enfoque de ‘esperar y ver’, con barcos como el Nova Crest y el Axon I dando media vuelta o deteniéndose. El impacto se extiende más allá del petróleo: las principales bolsas europeas, incluyendo Francfort, París y Londres, registraron descensos en la apertura, reflejando la escalada de tensiones entre EE.UU. e Irán. Con un frágil alto al fuego que expira este martes y conversaciones pendientes en Islamabad, la crisis de suministro amenaza con prolongarse, afectando costos logísticos globales y la estabilidad económica en un momento clave para la industria energética.
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