En la recta final del Gobierno, las dos izquierdas chilenas se encuentran empantanadas en un debate que amenaza con paralizar su capacidad de acción y unidad. Mientras algunos dirigentes intentan poner paños fríos al conflicto, las conversaciones se mantienen en punto muerto, dejando al oficialismo en una situación de inmovilidad que podría afectar su respuesta frente a un futuro Gobierno de derecha. La tensión se agudizó tras una reunión del pasado viernes entre el Socialismo Democrático, la Democracia Cristiana y la Federación Regionalista Verde Social, donde se zanjó conformar una oposición distinta al Frente Amplio y el Partido Comunista. Los líderes de los partidos han adoptado posiciones ambivalentes, minimizando la gravedad pero reconociendo diferencias profundas. Jaime Quintana, timonel del PPD, sostuvo que la reunión «no fue ningún quiebre», aunque admitió una crisis tras el veredicto del caso Gustavo Gatica. Paulina Vodanovic, presidenta del Partido Socialista, advirtió que hay «miradas distintas sobre hartas materias» pero negó una fractura, enfatizando que esto «no es una Concertación 2.0». En contraste, Lautaro Carmona, timonel del Partido Comunista, detectó «inmovilidad» dentro del oficialismo y pidió intercambios directos para evaluar si se han agotado los espacios de unidad.
Suscríbete al boletín:
Suscribete Gratis




