La reunión de tres horas entre Lula da Silva y Donald Trump en la Casa Blanca tuvo un eje central: la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU. El mandatario brasileño planteó directamente al presidente estadounidense eliminar el derecho a veto de los cinco miembros permanentes y que estos pierdan la facultad de designar al secretario general. También reiteró el histórico reclamo de Brasil por un asiento permanente en el consejo. Sin embargo, pese a las expectativas de los medios brasileños, ni Lula ni el canciller Mauro Vieira mencionaron la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU durante la conferencia de prensa posterior. La ausencia del nombre de Bachelet en la conversación pública contrasta con las señales previas. Medios como CNN Brasil y Metrópoles anticipaban que Brasil negociaría con EE.UU. para evitar un bloqueo a la candidatura de la expresidenta chilena, promovida por Brasil y México. La administración Trump ya había dado señales poco alentadoras. La suerte de Bachelet se definirá en julio, cuando el Consejo de Seguridad realice sondeos informales (straw polls). Allí, un voto de “desalentaría” de cualquiera de los cinco miembros permanentes equivale a un veto anticipado, y el candidato necesita al menos 9 de los 15 votos del Consejo para avanzar a la Asamblea General.
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