La rentabilidad de la inversión inmobiliaria en Chile enfrenta una presión sin precedentes: en varias comunas, el ingreso por arriendo ya no alcanza para cubrir los dividendos hipotecarios. Este descalce financiero, impulsado por el alza sostenida de las tasas de interés, está poniendo en jaque la viabilidad de nuevos proyectos y amenaza con frenar la actividad constructora en zonas clave del mercado. El caso más crítico se registra en Ñuñoa, donde según el análisis, el arriendo promedio mensual alcanza los $456.739, mientras que el dividendo hipotecario escala a $569.363. Esta brecha de más de $112.000 mensuales significa que los propietarios-inversionistas deben asumir una diferencia de caja de su bolsillo mes a mes, transformando lo que antes era un activo generador de ingresos en una carga financiera. El impacto trasciende al inversionista individual y golpea directamente al sector inmobiliario y de la construcción. Cuando los números no cierran, los proyectos nuevos pierden atractivo, la inversión se frena y el empleo en la industria se resiente. Esta dinámica podría profundizar la desaceleración en un sector que históricamente ha sido motor de la economía y un importante generador de puestos de trabajo.
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