La industria cervecera enfrenta una crisis de demanda que amenaza su modelo tradicional. Los resultados financieros de los principales productores globales y locales confirman un ciclo de enfriamiento estructural que obliga a replantear estrategias de décadas. Las grandes cerveceras responden con dos movimientos estratégicos: la premiumización de sus portafolios y un giro decidido hacia categorías sin alcohol o de menor graduación. Esta transformación busca capturar consumidores que priorizan calidad sobre cantidad y salud sobre contenido alcohólico. El cambio impacta toda la cadena de valor, desde producción hasta marketing y distribución. Las empresas deben reasignar inversiones, reformular productos y reposicionar marcas en un mercado que ya no crece por volumen. La supervivencia en el sector dependerá de quién logre adaptarse más rápido a estos nuevos patrones de consumo. La presión ahora recae en la ejecución: las cerveceras que no logren conectar con estas tendencias enfrentarán pérdidas de participación de mercado y rentabilidad en un escenario de demanda contraída.
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