La era de la tarjeta de coordenadas, ese plástico con números que por décadas autorizó transacciones bancarias, está llegando a su fin en Chile. Aunque la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) extendió el plazo máximo hasta el 1 de agosto de 2026 tras críticas por el impacto en adultos mayores, algunos bancos ya están adelantando la desaparición del sistema tradicional, forzando una migración acelerada hacia métodos digitales que no todos los clientes dominan. BancoEstado comenzó a desactivar las tarjetas desde noviembre pasado de manera paulatina, reemplazándolas por BE Pass (clave) o BE Face (reconocimiento facial). Santander comunicó que su sistema dejará de funcionar desde el 9 de marzo. Solo el Banco de Chile mantendrá la tarjeta hasta el límite establecido por el regulador. La medida responde a nuevos estándares de seguridad que buscan reducir fraudes, pero ha generado resistencia entre usuarios que se declaran ‘ignorantes digitales’ o ven complicaciones para adultos mayores. Desde agosto de 2025, la Autenticación Reforzada de Clientes (ARC) será obligatoria para transferencias electrónicas, contratación de servicios y cambios de seguridad. Este sistema requiere al menos dos factores independientes: algo que el usuario sabe (como una clave), algo que posee (como el celular o un token) o algo que es (huella o rostro).
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