A partir de julio de 2026, las transferencias electrónicas en Chile exigirán un nivel de seguridad inédito. La Comisión para el Mercado Financiero (CMF) implementará la Autenticación Reforzada de Clientes (ARC), que obligará a los usuarios a validar su identidad con al menos dos factores independientes, como contraseñas, dispositivos o datos biométricos (huella o reconocimiento facial). La medida, contenida en la norma N.º 538, busca reducir el fraude y elevar el estándar de protección en el sistema financiero, reemplazando los actuales procesos que muchas veces se conforman con una sola clave. Los bancos deberán exigir dos de tres categorías para autorizar operaciones críticas: algo que el usuario conoce (contraseña o PIN), algo que posee (token, código de un solo uso o celular) y algo que es inherente (biometría como huella digital, voz o rostro). Hoy, la mayoría de las entidades solo pide una clave o datos biométricos, pero con la ARC se requerirá una combinación más robusta, lo que implicará cambios en los sistemas y en la experiencia del usuario. El desafío, según Jorge Oteíza, gerente de Ventas de Kuvasz Solutions y experto en pagos digitales, es que las instituciones implementen estos estándares sin afectar la rapidez y simplicidad que esperan los clientes.
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