Irán atacó este martes instalaciones de radares y defensa antiaérea estadounidenses en el Golfo, horas después de que Washington completara su décima noche consecutiva de bombardeos contra la república islámica. La acción es la respuesta más directa de Teherán desde que se reanudaron las hostilidades el 7 de julio, y amenaza con desatar una escalada regional aún mayor, según advirtió la ONU. Los Guardianes de la Revolución iraníes detuvieron dos petroleros en el estrecho de Ormuz, sumándose a otros seis capturados en días previos. Además, los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, anunciaron un bloqueo en el mar Rojo contra Arabia Saudita, el mayor exportador mundial de crudo. El gobierno de Donald Trump respondió con una amenaza: Teherán pagará «muchas veces más» el precio de cada soldado estadounidense muerto en el conflicto, que ya suma 17 bajas. El alcance de los bombardeos de EE.UU. se ha extendido al centro y este de Irán, incluyendo ataques reportados en Bushehr, donde se ubica la única central nuclear iraní en funcionamiento. Por su parte, Teherán volvió a disparar contra objetivos militares en Kuwait, Baréin y Jordania, y prometió «olas de drones y ataques de misiles aún más decisivos y poderosos». En el centro de la disputa sigue el estrecho de Ormuz, por donde transitaba una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos antes de la guerra.
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