El sueño de ver a Italia en el próximo Mundial chocó contra el reglamento de la FIFA. El organismo rector del fútbol consideró inviable la propuesta de sustituir a Irán por el combinado italiano, una idea impulsada desde el entorno del presidente estadounidense Donald Trump. La iniciativa, que ya había sido sugerida sin éxito antes del Mundial de 2022, fue descartada de plano. Según el reglamento, si Irán se retirara, su reemplazo debería salir de la misma confederación asiática. El candidato natural sería Emiratos Árabes Unidos, no una selección europea como Italia. La propuesta llegó a través de Paolo Zampolli, enviado de Trump, pero desde Italia también la rechazaron con dureza. El ministro de Economía, Giancarlo Giorgetti, calificó la idea como «vergonzosa», mientras que el ministro de Deportes, Andrea Abodi, sentenció: «La clasificación se consigue en el terreno de juego». La postura de Italia fue clara: no aceptar un cupo que no se ganó en la cancha, especialmente tras su eliminación en el Repechaje. El episodio deja en evidencia los límites de la influencia política en el fútbol. La FIFA se aferró a su reglamento, y las autoridades italianas defendieron la meritocracia deportiva. Para la industria del fútbol, la señal es contundente: las reglas de clasificación se mantienen firmes, incluso ante presiones de alto nivel.
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