La expresidenta chilena Michelle Bachelet enfrentó una prueba de fuego en Nueva York: tres horas de preguntas directas de los 193 estados miembros de la ONU para defender su candidatura a liderar el organismo mundial. En una sesión que comenzó a las 10:00 horas, la ex alta comisionada para los Derechos Humanos tuvo solo diez minutos para presentar su visión antes de someterse a una maratón de 35 consultas, incluidas las de potencias como Rusia y Reino Unido, miembros permanentes del Consejo de Seguridad. El escrutinio marcó un momento crucial, con el gobierno del Presidente José Antonio Kast retirando su apoyo a su postulación, desmarcándose del anuncio previo de Gabriel Boric. Bachelet delineó una agenda basada en renovar el multilateralismo, proteger los derechos humanos y reformar la institución de cara a su centenario en 2045. Comprometió una presencia física del secretario general en zonas de conflicto, argumentando que no basta con documentos olvidados. También abordó cómo manejaría presiones políticas, afirmando: ‘he demostrado que puedo ser independiente, siempre que ha sido necesario he sido independiente, a pesar de la gran presión’. Su postura buscó equilibrar experiencia –como dos veces presidenta y ministra– con un llamado a la esperanza, citando incluso a Violeta Parra.
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