La industria de la belleza en Chile no solo crece, sino que se transforma. Empresas locales, muchas con décadas de historia y liderazgo familiar, están aprovechando un mercado en ebullición para consolidar sus imperios y proyectarlos a nivel regional. Este movimiento está impulsado por un consumidor que busca cada vez más productos premium, sostenibles y personalizados, alejándose del consumo masivo tradicional. El resultado es una expansión agresiva que redefine el mapa del sector en Latinoamérica. Dos casos emblemáticos ilustran esta tendencia. Por un lado, la marca Pichara, con más de 60 años y liderada por las hermanas Pichara, opera 112 sucursales en Chile, tiene presencia en Perú y proyecta cerrar 2026 con 120 tiendas. Su estrategia incluye una nueva línea de negocio B2B con retailers como Jumbo, Preunic y Farmacias Ahumada, que espera representar el 30% de sus ventas totales el próximo año. Por otro, el holding DBS, liderado por Dominique Rosenberg, factura más de US$ 100 millones anuales, cuenta con 70 tiendas en Chile y ya ingresó al mercado peruano en 2025, evaluando ahora Colombia, México y Argentina como próximos destinos. Este crecimiento no es casual. El mercado chileno de cosméticos alcanzó US$ 335,97 millones en 2025 y se proyecta que crezca más de un 10% hacia 2033.
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