El gobierno enfrenta una tormenta perfecta: mientras lidia con el descontento social por el alza abrupta de los combustibles, el ministro José García Ruminot revela que las cuentas públicas cerrarán el año con un agujero de US$8.000 millones. Este déficit, aunque menor al de 2025 (US$9.500 millones), confirma que Chile arrastra ‘un problema fiscal enorme’ que se extenderá por años, limitando su capacidad de reacción ante emergencias. En una entrevista, el titular de la Segpres justificó la decisión de aplicar el alza de una vez –en lugar de forma gradual– argumentando falta de apoyo en el Congreso y advirtiendo que el precio del petróleo podría escalar a US$150 el barril, riesgo que llevó a reservar los US$3.000 millones del Fondo de Estabilidad Económico y Social. Paralelamente, el Plan de Reconstrucción Nacional, que incluye una polémica rebaja del impuesto de primera categoría del 27% al 23% para empresas, se retrasaría hasta mediados de abril. La estrategia del Ejecutivo apuesta a que reducir la carga tributaria a las corporaciones dinamizará la inversión y el crecimiento, pasando del 2% anual actual a un 4%. García Ruminot sostiene que la menor recaudación se recuperará con más actividad económica y empleo. Sin embargo, con un déficit persistente y un servicio de deuda que ya consume US$4.
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