La economía chilena cerró 2025 con un crecimiento del 2,5%, un resultado que, aunque supera las expectativas preliminares, esconde una tensión clave: el sector minero, tradicional motor del país, se convirtió en un lastre. Mientras la demanda interna, impulsada por un consumo robusto y una inversión que registró su mejor desempeño desde 2021, empujaba la actividad, la minería del cobre sufrió una dura caída del 6,2% en el último trimestre, arrastrando al PIB minero a una contracción anual del 1,3%. Este retroceso se atribuye a menores leyes del mineral, restricciones hídricas y paralizaciones en yacimientos, contrastando con el crecimiento del 3% del PIB no minero. El dinamismo provino principalmente de la formación bruta de capital fijo, que creció un 7% en el año, con un repunte vigoroso del 9,7% en el tercer y cuarto trimestre. Este impulso estuvo liderado por mayores compras de maquinaria y equipos, especialmente eléctricos y electrónicos, así como vehículos de transporte como camiones y buses. La inversión en capital fijo alcanzó un 24,2% del PIB en términos reales, un nivel significativo que refleja un ciclo de gasto en activos productivos. El desempeño anual deja al gobierno de Gabriel Boric con un crecimiento promedio del 2% durante su administración, posicionándolo como el segundo peor desde el retorno de la democracia en 1990.
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