Un hecho sin precedentes en la historia religiosa de Jerusalén ha desatado una crisis diplomática internacional. Por primera vez en siglos, las autoridades israelíes impidieron este domingo la celebración de la misa del Domingo de Ramos en la iglesia del Santo Sepulcro, uno de los lugares más sagrados del cristianismo, generando condenas inmediatas de gobiernos europeos y advertencias sobre el deterioro del delicado equilibrio religioso en la ciudad. La policía israelí bloqueó el acceso al cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, cuando se dirigía a celebrar la misa junto al custodio del templo. Según el comunicado del Patriarcado Latino, los sacerdotes viajaban solos y no en procesión cuando se les impidió el paso, obligándolos a dar media vuelta. La policía justificó la medida señalando que «todos los lugares sagrados de Jerusalén están cerrados desde el inicio de la guerra» y que la petición del Patriarcado «no podía ser aprobada» por las restricciones de seguridad que limitan las concentraciones a 50 personas. El incidente ha trascendido lo religioso para convertirse en un conflicto diplomático de primer orden. Italia convocará al embajador de Israel después de que su primera ministra, Giorgia Meloni, denunciara «una ofensa no sólo para los creyentes sino para cualquier comunidad que respete la libertad religiosa».
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