El caso de Julia Chuñil, una mujer mapuche de 72 años, expone una tragedia marcada por la violencia intrafamiliar crónica y un sistema que no logró protegerla. Según la Fiscalía Regional de Los Ríos, su vida estuvo plagada de amenazas y agresiones por parte de su núcleo familiar, culminando en su homicidio el 8 de noviembre de 2024, presuntamente a manos de uno de sus hijos. La investigación revela un patrón de conductas violentas que se remontan a años, con episodios documentados desde 2016, incluyendo lesiones y homicidios previos en el mismo entorno doméstico. Chuñil había expresado públicamente su temor en una iglesia evangélica de Los Lagos, donde asistía regularmente, alertando a unos 15 testigos sobre las amenazas de muerte que recibía. Estas declaraciones, junto con registros médicos que señalaban un «riesgo alto» por violencia intrafamiliar, fueron clave para la Fiscalía al fundamentar un contexto de miedo persistente. Sin embargo, pese a estas señales, la intervención fue insuficiente para prevenir el desenlace fatal. En la formalización judicial, cuatro familiares—sus hijos Pablo San Martín, Javier Troncoso, Jeannette Troncoso y su exyerno Bermar Bastías—fueron imputados por homicidio y encubrimiento.
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