Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, estimadas en 303.000 millones de barriles, lo que representa el 17,5% de las reservas globales según datos de la OPEP. Sin embargo, este recurso se caracteriza por su alta densidad y contenido de azufre, clasificándolo como crudo pesado y extrapesado, principalmente ubicado en la Faja del Orinoco. Estas propiedades dificultan su refinamiento y transporte, requiriendo procesos adicionales de dilución o procesamiento en instalaciones especializadas, lo que incrementa los costos operativos. La industria petrolera venezolana enfrenta desafíos significativos debido a una infraestructura obsoleta y deteriorada. Expertos estiman que se necesitan inversiones de aproximadamente US$250.000 millones para modernizar las instalaciones y recuperar la producción, que ha caído de 3 millones de barriles diarios a alrededor de 700.000. Factores como sanciones internacionales, la falta de buques adecuados y la dependencia de una ‘flota fantasma’ para exportaciones, principalmente a China, agravan los problemas de almacenamiento y logística. Si se levantan las sanciones y se reanuda la producción a gran escala, podría aumentar la oferta mundial de crudo, ejerciendo presión a la baja sobre los precios del petróleo. La reconstrucción de la capacidad productiva en Venezuela es un proceso que llevará años, pero la incertidumbre geopolítica y los riesgos logísticos ya impactan en los mercados globales, destacando la urgencia de soluciones estratégicas para aprovechar este vasto potencial energético.
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