El presidente estadounidense Donald Trump ha puesto sobre la mesa una idea que podría redefinir las relaciones entre Washington y La Habana después de décadas de tensión: una «toma de control amistosa» de Cuba. La propuesta surge en un momento crítico, donde el gobierno cubano enfrenta una grave crisis económica y, según Trump, carece de dinero, petróleo y alimentos. El mandatario afirmó que las autoridades de la isla están hablando con Estados Unidos y buscan ayuda, señalando que su secretario de Estado, Marco Rubio, está gestionando el asunto. Las declaraciones de Trump llegan poco después de que Rubio afirmara que Cuba necesita un «cambio radical», coincidiendo con una flexibilización de las restricciones estadounidenses a las exportaciones de petróleo a la isla por «razones humanitarias». Este contexto se enmarca en un bloqueo energético impuesto por Estados Unidos desde enero, alegando que Cuba representa una «amenaza excepcional» para su seguridad nacional. Además, funcionarios cercanos a Rubio se reunieron con Raúl Rodríguez Castro, nieto del exlíder Raúl Castro, una figura influyente aunque sin cargo oficial en el gobierno cubano.
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