En un giro significativo de la política exterior estadounidense, el expresidente Donald Trump ha revelado planes para impulsar la inversión de empresas petroleras de EE.UU. en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro. Acusando al régimen venezolano de confiscar y vender unilateralmente activos estadounidenses, Trump calificó esto como «el mayor robo de propiedad en la historia de nuestro país» y prometió acciones para recuperar el control sobre la infraestructura petrolera. Venezuela, con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, concentradas en la Faja Petrolífera del Orinoco, ha visto su producción debilitarse drásticamente bajo el gobierno de Maduro. Según la Administración de Información Energética de EE.UU., el país representa alrededor del 17% de las reservas globales, pero su producción actual, de aproximadamente 921.000 barriles por día en 2024, está muy por debajo de su potencial. Trump anunció que grandes compañías petroleras estadounidenses invertirán miles de millones de dólares para reparar la infraestructura dañada y reactivar la producción, generando ganancias para Venezuela. Sin embargo, esta iniciativa ha generado reacciones mixtas en la comunidad internacional, con algunos sectores viéndola como un intento de aprovechar las reservas venezolanas, mientras otros valoran la posibilidad de revitalizar la economía local.
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