La expresidenta Michelle Bachelet no tendrá un camino fácil para convertirse en la primera mujer en liderar la ONU. Su candidatura, respaldada por Chile, Brasil y México, se enfrenta a un campo de contendientes con trayectorias diplomáticas de peso y respaldos políticos que podrían alterar el equilibrio de poder en el organismo internacional. La región latinoamericana tiene la ventaja rotativa para el periodo 2027-2031, pero la elección dependerá de un complejo proceso en el Consejo de Seguridad. Tres figuras internacionales han emergido como rivales. Rebeca Grynspan, costarricense y actual secretaria general de la UNCTAD, anunció su postulación en octubre, destacando su experiencia para «reformar y defender» la ONU. Rafael Grossi, argentino y director general del OIEA, fue presentado por el gobierno de Javier Milei, quien ha criticado abiertamente la «agenda ideológica» del organismo. Ivonne Baki, ecuatoriana-libanesa de 74 años, entró con el respaldo del Líbano y asegura contar con apoyo extraoficial de Estados Unidos, un actor clave por su poder de veto. La contienda no es solo por un cargo: define el rumbo de la ONU en un momento de cuestionamientos globales. Grossi afirma que la organización «ha perdido el rumbo», mientras Baki aboga por un «nuevo orden».
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