El catolicismo en Latinoamérica enfrenta una transformación profunda, con Chile como caso emblemático de un declive acelerado que desafía la identidad religiosa tradicional. En solo diez años, la proporción de católicos en el país cayó del 64% al 46%, según datos del Pew Research Center publicados en enero de 2026. Esta caída refleja un distanciamiento masivo de la iglesia, aunque la encuesta, aplicada a los países más poblados de la región, indica que el número de personas creyentes se mantiene alto, sugiriendo un cambio en las afiliaciones más que en la fe. El estudio, editado por Felipe Vásquez N. de Emol y con infografía de Michel Leiva M., no especifica las causas directas ni los actores institucionales involucrados, pero la magnitud del descenso en Chile—18 puntos porcentuales—señala una ruptura significativa en una nación históricamente católica. La falta de detalles sobre metodología o fechas exactas de la encuesta limita el análisis, pero los datos apuntan a una tendencia regional que podría extenderse a otras áreas de América Latina. Este giro tiene implicaciones sociales y culturales clave: afecta la influencia de la iglesia en políticas públicas, educación y valores comunitarios, mientras abre espacio para otras creencias o el secularismo.
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