Mientras las exportaciones totales de pisco chileno caen, un mercado europeo sin vínculos culturales evidentes emerge como el principal sostén del sector. La República Checa, con una comunidad chilena que no supera las 220 personas, se ha consolidado silenciosamente como el destino número uno del destilado nacional, una posición que mantiene ininterrumpidamente desde 2021. Las cifras del Servicio Nacional de Aduanas y Odepa son contundentes: en 2025, el 28% de todo el volumen exportado de pisco chileno se dirigió a la República Checa. Los envíos a ese mercado alcanzaron 222.300 litros, por un valor de US$1,21 millones, superando a potencias comerciales como China, Estados Unidos y Alemania. Este liderazgo se inició en 2021, cuando desplazó a España del primer puesto, y se ha mantenido tanto en volumen como en valor. El fenómeno adquiere mayor relevancia en un contexto de contracción general. El año pasado, las exportaciones totales de pisco y aguardiente cayeron un 11,2% en volumen. Sin el ancla del mercado checo, que absorbe una parte relevante de la producción, el retroceso podría haber sido más severo.
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