En un desarrollo sin precedentes, Estados Unidos lanzó una ofensiva militar en Venezuela durante la madrugada del 3 de enero de 2026, resultando en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. El ataque, confirmado por el expresidente Donald Trump a través de sus redes sociales, se centró en objetivos civiles y militares en Caracas y estados centrales como Miranda, Aragua y La Guaira, según informes del gobierno venezolano. La operación ha desencadenado una crisis política inmediata, con la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumiendo provisionalmente el poder y exigiendo una «prueba de vida» de Maduro y Flores al gobierno estadounidense. Rodríguez afirmó desconocer el paradero de los capturados, mientras el canciller Yvan Gil solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU para abordar la violación del Derecho Internacional. El fiscal nacional Tarek William Saab responsabilizó directamente a EE.UU. por cualquier daño a Maduro, y el presidente chileno Gabriel Boric condenó las acciones militares, instando a una solución pacífica. Este evento marca un punto de inflexión en las relaciones internacionales, con implicaciones geopolíticas significativas para la región y el orden global.
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