En lo que pareció ser su última comparecencia ante el Senado, el ministro de Hacienda, Mario Marcel, presentó una defensa contundente de su gestión fiscal, descartando un deterioro general de las cuentas públicas. Sin embargo, su exposición reveló una tensión clave: mientras negaba un problema estructural, confirmó que el déficit fiscal proyectado para 2025 será mayor de lo inicialmente estimado, un dato que contrasta con su mensaje de control. Durante la sesión, el titular de Hacienda atribuyó parte de las desviaciones a lo que calificó como ‘anomalías’ en los ingresos del fisco, sin entrar en mayores detalles sobre su naturaleza. Su intervención tuvo un tono de despedida, sugiriendo el cierre de su ciclo en el cargo, lo que añade un contexto político crucial a la discusión técnica sobre las finanzas del Estado. Este escenario importa porque un déficit mayor al proyectado presiona directamente sobre las opciones de gasto público futuro, la capacidad de inversión estatal y la credibilidad del marco fiscal ante los mercados. La advertencia de Jordy Juvera, director soberano de Fitch Ratings, citada en el contexto, subraya el riesgo: ‘El incumplimiento de la regla pone en riesgo la credibilidad del marco fiscal’. La defensa de Marcel busca, precisamente, contener ese riesgo de percepción en un momento de transición política.
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