A días de dejar el Gobierno, el ministro de Vivienda y Urbanismo, Carlos Montes, hace un balance crítico de su gestión, reconociendo la contradicción entre el desarrollo económico del país y la persistente falta de vivienda para miles de personas. El histórico socialista, quien afirma no ser «de los que arrancan de la realidad», señala que es una vergüenza que Chile esté cerca de los US$ 35.000 per cápita y aún tenga una cantidad significativa de población sin hogar. En su repaso, Montes aborda tanto los logros como las crisis que marcaron su paso por el ministerio. Destaca el cumplimiento del Plan de Emergencia Habitacional, pero también reconoce los problemas generados por el caso Convenios y las deudas pendientes con las empresas constructoras. Estas tensiones reflejan los desafíos estructurales de una política pública que busca acelerar soluciones en un contexto de limitaciones presupuestarias y complejidades administrativas. La declaración del ministro pone sobre la mesa una de las paradojas más visibles del desarrollo chileno: un indicador macroeconómico sólido que contrasta con un déficit habitacional que afecta a familias y presiona el tejido social. Este diagnóstico, hecho en la recta final de su gestión, deja un legado de urgencia para su sucesor y para el sector inmobiliario, que deberá encontrar mecanismos más eficaces para cerrar la brecha entre crecimiento económico y acceso a la vivienda.
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