La líder opositora venezolana María Corina Machado, exiliada en Washington, plantea un posible retorno a su país con una declaración que revela la tensión política actual: «En este momento, no creo que se atrevan a matarme». Su afirmación subraya un cambio en el panorama venezolano, donde la «presión» de Estados Unidos sobre el gobierno interino de Delcy Rodríguez actúa como un escudo contra represalias. Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, advirtió que, en el pasado, su captura habría significado desaparición o algo peor, pero ahora el chavismo «tendría mucho miedo» de atentar contra su vida debido a su conexión con el gobierno de Donald Trump. El contexto incluye movimientos diplomáticos clave: la embajadora estadounidense Laura Dogu llegó a Caracas para reabrir la misión diplomática de EE.UU., cerrada desde hace siete años. Esto ocurrió tras anuncios de Delcy Rodríguez, como una amnistía general para presos políticos y el cierre del Helicoide, un centro de detención temido por torturas. Además, Trump sugirió «juntar» al chavismo y la oposición para acercar posturas, aunque Machado desconoce sus posibilidades de moverse libremente en Venezuela. El impacto de este escenario trasciende lo personal: marca un punto de inflexión en las relaciones entre Venezuela y EE.UU., con implicaciones para la estabilidad política y los derechos humanos en la región.
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