En un discurso reciente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, invocó la Doctrina Monroe, un principio histórico de política exterior, para justificar la intervención militar en Venezuela que resultó en la captura de Nicolás Maduro. Trump declaró que, bajo su nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio estadounidense en el hemisferio occidental no será cuestionado, refiriéndose a la doctrina con un giro personal como «doctrina Donroe». Este movimiento marca un retorno a una política que busca reafirmar la influencia de EE.UU. en la región, tras décadas de relativa inactividad en su aplicación directa. La Doctrina Monroe, proclamada en 1823 por el presidente James Monroe, establece que Estados Unidos no tolerará la colonización europea ni la interferencia en asuntos del continente americano, bajo el lema «América para los americanos». Originalmente, fue una advertencia a las potencias europeas, pero con el tiempo evolucionó para justificar intervenciones estadounidenses en Latinoamérica durante los siglos XIX y XX. Según expertos, como Eduardo Hodge de la Universidad Gabriela Mistral, la doctrina perdió prominencia en gobiernos recientes, pero Trump la revive para evitar que fuerzas externas influyan en la región, aprovechando recursos naturales y posiciones estratégicas.
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