La tensión en el estrecho de Ormuz, por donde pasa un tercio del petróleo marítimo mundial, escaló a niveles críticos este sábado. El presidente estadounidense Donald Trump lanzó un ultimátum de 48 horas a Irán para que reabra la vía marítima, amenazando con desatar «todo el infierno» sobre el país si no cumple. La respuesta iraní no se hizo esperar y fue contundente. El general Ali Abdollahi Aliabadi, del Cuartel General Central Jatam al-Anbia, calificó la advertencia de Trump como «una acción impotente, nerviosa, desequilibrada y estúpida». En un comunicado oficial, el mando militar iraní advirtió que, si Estados Unidos actúa, «se les abrirán las puertas del infierno». Trump había emitido previamente un plazo de diez días el 26 de marzo, que ahora redujo a dos días en una publicación en Truth Social este 4 de abril. El choque directo entre Washington y Teherán pone en jaque la estabilidad energética global. Cualquier interrupción prolongada en Ormuz podría disparar los precios del crudo, afectar las cadenas de suministro y generar volatilidad en los mercados financieros internacionales. La región ya es un polvorín geopolítico, y este intercambio de amenazas aumenta el riesgo de un error de cálculo con consecuencias impredecibles. El reloj sigue corriendo: las 48 horas de plazo expiran el domingo, sin que el texto detalle cuál es el acuerdo específico que Trump exige. La comunidad internacional observa si la retórica belicista se traducirá en acciones o si habrá espacio para una desescalada de último momento.
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