El senador Francisco Huenchumilla ha presentado su renuncia a la presidencia de la Democracia Cristiana (DC), un movimiento que ha marcado un hito en la política chilena al apelar explícitamente a la necesidad de un «recambio generacional». En su comunicado a los correligionarios, Huenchumilla subrayó que «una nueva generación tiene que asumir la conducción partidaria», argumentando que el partido se encuentra atrapado en una inercia anclada en el pasado. Según su análisis, esta situación ha derivado en una falta de propósitos comunes y una lucha interna donde no prevalece la fraternidad necesaria para un proyecto colectivo. La decisión, anunciada el 12 de enero de 2026, refleja una crítica profunda a la dinámica interna de la DC, señalando la urgencia de renovar liderazgos para enfrentar los desafíos contemporáneos. Este paso podría catalizar un debate más amplio sobre la modernización de los partidos políticos en Chile, en un contexto donde la inmediatez y la fragmentación amenazan la cohesión y la visión a largo plazo. La renuncia de Huenchumilla no solo impacta la estructura directiva del partido, sino que también plantea interrogantes sobre la capacidad de las formaciones tradicionales para adaptarse a las demandas de una sociedad en constante evolución.
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