El llamado “súper ciclo” de la cereza chilena entró en una fase de ajuste. La sobreoferta en China y la expansión acelerada de la superficie plantada comprimieron los márgenes, obligando a los productores a replantear sus estrategias productivas. En este nuevo escenario, el avellano europeo emerge como una alternativa sólida. No se trata de una moda agrícola, sino de un cultivo que ha mostrado crecimiento sostenido en exportaciones, estabilidad en la demanda internacional y menor exposición a shocks de mercado concentrados. La transición desde el cerezo hacia el avellano no implica un salto al vacío. Ambos cultivos comparten bases técnicas de establecimiento, lo que facilita la reconversión productiva sin rediseñar completamente el modelo agrícola. Especialistas del sector coinciden en que la clave está en la planificación: la reconversión no responde al impulso, sino a un análisis estructural del nuevo ciclo exportador chileno.
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