La pandemia redibujó el mapa inmobiliario chileno, impulsando una migración desde Santiago hacia localidades del sur y zonas costeras en busca de mayor calidad de vida y teletrabajo. Este fenómeno ha generado un fuerte aumento en la demanda por viviendas y terrenos fuera de la Región Metropolitana, transformando mercados locales y elevando con fuerza los precios. Uno de los símbolos fue Puerto Varas, que pasó de destino turístico a polo residencial, sumando cerca de 26 mil nuevos habitantes en menos de siete años, con valores de vivienda que subieron de 33,02 UF por m2 en 2016 a un peak de 64,63 UF por m2 en 2022, aunque luego se corrigieron a 51,60 UF por m2 en 2025. El fenómeno se ha expandido a nuevos polos, desde el borde costero de la Región de Valparaíso hasta la Región de Aysén y el norte minero, replicando un patrón de expansión urbana, incremento en valores del suelo y presión sobre infraestructura. En Puchuncaví, el valor del suelo pasó de 0,57 UF por m2 en 2015 a 3,96 UF por m2 en 2022, un alza de 594,7%, con superficie transada reducida de 600 mil m2 a 130 mil m2. En Puerto Octay, el boom de parcelaciones impulsado por el D.L. 3.516 llevó los valores a 0,24 UF por m2 en 2022, pero luego retrocedieron a 0,10-0,11 UF por m2 tras endurecimientos regulatorios.
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