En un hecho altamente cuestionable, Japón comenzó el proceso de liberar al Océano Pacífico más de un millón de toneladas de agua contaminada de la central nuclear de Fukushima Daiichi. Sin embargo, la decisión ha generado algunas preocupaciones importantes entre los ambientalistas, y grupos en China y Corea del Sur han señalado sus posibles implicaciones a largo plazo para el medio ambiente, la seguridad alimentaria y la salud pública. La planta nuclear de Fukushima Daiichi, fue destruida en marzo de 2011 después de que un devastador terremoto de magnitud 9,0 provocara poderosas olas de tsunami que provocaron la fusión de tres de sus reactores. Esta liberación de agua contaminada, que se estima tardará entre 30 y 40 años en concluir, se considera un paso clave en el largo y difícil proceso de desmantelamiento de la central nuclear afectada por el tsunami y la eliminación total del combustible fundido. Según el grupo ecologista Greenpeace, los riesgos radiológicos no han sido evaluados en profundidad y los impactos biológicos del tritio, que se liberaría como parte del vertido, «han sido ignorados».
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