Costa Rica ha sellado un giro político hacia la derecha con la elección de Laura Fernández como próxima presidenta, quien promete cambios ‘profundos e irreversibles’ para fundar lo que llama ‘la tercera república’. La victoria, con el 48.5% de los votos y el respaldo de 30 de los 57 diputados de su partido, marca una continuidad del gobierno actual de Rodrigo Chaves, del que Fernández fue ministra, y plantea un escenario de transformación institucional que ya genera tensiones con la oposición. Fernández, una politóloga de 39 años, anunció en su discurso de victoria que su gobierno será de ‘diálogo y conciliación’, pero sin detallar los cambios específicos de su propuesta. Durante la campaña, prometió reformar el Poder Judicial y otras instituciones estatales, mientras líderes de su partido reconocieron que uno de los objetivos es modificar la Constitución para permitir la reelección consecutiva. La oposición, encabezada por el candidato socialdemócrata Álvaro Ramos, advirtió que no permitirá ‘cosas indebidas’ y será una ‘oposición constructiva’ pero vigilante. El impacto de esta elección trasciende lo político: define el rumbo del país en un momento de alta polarización.
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