La crisis energética global se agrava mientras Irán mantiene cerrado el Estrecho de Ormuz, la principal vía de salida del petróleo del Golfo Pérsico. Este bloqueo persistente ha renovado los temores del mercado sobre una escasez histórica de suministro, en un contexto donde la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya advierte sobre la mayor crisis de la historia. La parálisis del estrecho, vinculada al conflicto bélico en Medio Oriente, ha impulsado los precios del crudo WTI y Brent por encima de los US$ 90 por barril, con un alza de más del 9% en una sola jornada. El impacto se siente de inmediato en los mercados locales, donde el dólar ha cerrado en sus niveles máximos de 2026. Esta presión cambiaria refleja la vulnerabilidad de las economías ante shocks externos en el precio de las materias primas. La situación genera una tensión adicional para sectores como la ganadería, donde Fedecarne ya advierte sobre una ‘desinversión prolongada’ y exige una política de Estado para fortalecer la actividad. La escalada pone en riesgo la estabilidad de costos para industrias y consumidores, mientras inversionistas como Partners Group expresan preocupación: si el conflicto no termina en dos semanas, la incertidumbre podría profundizarse. La combinación de un petróleo caro, un dólar fuerte y advertencias de desinversión en sectores clave configura un escenario complejo para la actividad económica local e internacional en los próximos meses.
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