Australia, uno de los países con mayor afición a los juegos de azar, enfrenta una presión regulatoria creciente tras anunciar restricciones a la publicidad de apuestas deportivas. El primer ministro Anthony Albanese busca frenar la exposición masiva que ha normalizado el riesgo económico en una población de 27 millones de personas, donde las pérdidas anuales superan los US$17.000 millones. Las nuevas normas, anunciadas el jueves en Canberra, limitarán a tres anuncios por franja horaria en medios audiovisuales y prohibirán la publicidad durante transmisiones deportivas en vivo en esos horarios. Además, las agencias de apuestas no podrán colocar su marca en los uniformes de equipos profesionales, una práctica común en deportes como el surf y las carreras de perros. Albanese defendió la medida como un «equilibrio adecuado» entre permitir apuestas a adultos y proteger a los niños de la omnipresencia publicitaria. El impacto económico es significativo: la industria de apuestas deportivas mueve miles de millones en Australia, donde la publicidad ha sido un motor clave de crecimiento. Las restricciones afectarán directamente a medios de comunicación que dependen de estos ingresos publicitarios y a las empresas de apuestas que deberán reorientar sus estrategias de marketing.
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