Desde el 2 de enero de 2026, entró en vigencia la Ley N° 21.713 de Cumplimiento de Obligaciones Tributarias, que marca un punto de inflexión para el comercio y el emprendimiento en Chile. A partir de ahora, toda persona o empresa que venda productos o servicios deberá acreditar su Inicio de Actividades ante el Servicio de Impuestos Internos (SII) para operar con bancos y plataformas digitales. Esta normativa busca fortalecer la trazabilidad económica y fomentar la formalización de quienes desarrollan actividades generadoras de renta, consolidando un sistema tributario más transparente y equitativo.
En este nuevo contexto, la pregunta es inevitable: ¿por qué formalizarse vale la pena? Si bien cumplir con las obligaciones tributarias implica asumir responsabilidades adicionales, los beneficios son claros y duraderos. Formalizarse no es un costo, sino una inversión, que permite acceder a créditos, subsidios y apoyos gubernamentales, además de abrir las puertas a licitaciones públicas y alianzas con grandes empresas. De esta forma, un emprendimiento deja de depender del ingreso diario y puede comenzar a planificar su crecimiento con estabilidad y proyección.
La formalización también entrega confianza y credibilidad, valores fundamentales en cualquier entorno empresarial. Emitir facturas válidas, contar con un RUT activo y cumplir con las normativas genera seguridad ante clientes, socios y entidades financieras. A la vez, contribuye a un mercado más justo, donde las reglas son iguales para todos y la competencia se basa en la calidad y la eficiencia, no en la informalidad. Como muchos expertos dicen: “la informalidad tiene fecha de vencimiento; hoy el desafío es ayudar a los emprendedores a dar el paso de manera simple y acompañada”.
Visto así, el cumplimiento tributario no debe entenderse solo como una obligación legal, sino como una puerta de entrada al desarrollo y la sostenibilidad. Una empresa formal tiene la posibilidad de expandirse, acceder a financiamiento, explorar nuevos mercados e incluso internacionalizarse. En la práctica, formalizarse es pasar de la subsistencia a la proyección, de lo inmediato a lo estratégico.
Chile enfrenta el desafío de fortalecer su base de emprendimientos formales. No se trata únicamente de aumentar la recaudación, sino de construir una economía más sólida, inclusiva y competitiva. La formalización no debe verse como un fin en sí misma, sino como el primer paso hacia un crecimiento sostenible que beneficie tanto a las empresas como al país en su conjunto.
Suscríbete al boletín:
Suscribete Gratis




