Una tormenta de nieve histórica azota a dos tercios de Estados Unidos, dejando al menos cinco muertos y un millón de casas sin electricidad, con los mayores cortes concentrados en el sur, especialmente en Tennessee, Texas, Luisiana y Misisipi. Expertos señalan que es el mayor fenómeno nacional en términos de envergadura, lo que subraya la magnitud de la crisis y la presión sobre los sistemas de emergencia y energía en pleno invierno. El temporal ha provocado una disrupción masiva en el transporte aéreo, con unos 4.000 vuelos cancelados el sábado con origen y destino en Washington, y más de 2.000 abortados para el lunes. Esto no solo paraliza los viajes, sino que genera pérdidas económicas y logísticas para aerolíneas y pasajeros, en un contexto donde se esperan temperaturas de -15 grados el martes, agravando las condiciones. La tormenta impacta directamente en la economía y la seguridad pública, con cortes eléctricos que afectan a hogares y negocios, aumentando riesgos de hipotermia y paralizando actividades esenciales. La escala nacional del fenómeno pone a prueba la resiliencia de la infraestructura crítica en múltiples estados, destacando vulnerabilidades en redes de energía y respuesta ante desastres naturales extremos. Ahora, las autoridades y servicios de emergencia enfrentan el desafío de restaurar la electricidad y gestionar los efectos del frío extremo, mientras monitorean la evolución del temporal para prevenir más víctimas y daños.
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