En menos de tres semanas, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han matado a otra persona en Mineápolis, un hecho que intensifica el debate sobre las operaciones policiales y el uso de la fuerza en Estados Unidos. La repetición de incidentes mortales en un corto plazo pone en evidencia los riesgos de las redadas contra inmigrantes indocumentados, generando presión pública y escrutinio sobre las prácticas de la agencia federal. Según el Gobierno federal, la víctima, un hombre blanco de 37 años sin antecedentes relevantes, se aproximó armada a los efectivos durante una operación contra un inmigrante indocumentado buscado por asalto. La policía agregó que, aparentemente, contaba con permiso legal para portar armas. Un video difundido en redes sociales muestra a varios agentes enmascarados rodeando al hombre, que forcejeaba en el suelo, hasta que uno lo golpea con la culata de un arma y otro le dispara. Este caso impacta directamente en la confianza ciudadana hacia las autoridades y en las políticas de inmigración, ya que cuestiona la proporcionalidad de la respuesta y la transparencia en las intervenciones. La muerte de un civil con permiso legal para portar armas, en el contexto de una redada dirigida a otro objetivo, podría influir en futuras regulaciones y en la percepción de seguridad en comunidades afectadas por operaciones similares.
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