El oficialismo chileno se fractura en plena transición de poder, marcando un reajuste de alianzas que definirá el tono de la oposición al gobierno entrante de José Antonio Kast. Tres partidos –el Socialismo Democrático, la Democracia Cristiana y la Federación Regionalista Verde Social– decidieron conformar una coalición sin el Frente Amplio ni el Partido Comunista, tras una reunión en la sede del Partido Socialista. La presidenta del PS, Paulina Vodanovic, calificó el encuentro como una proyección hacia “un nuevo ciclo”, mientras que el presidente del PPD, Jaime Quintana, intentó desdramatizar el alcance, aunque reconoció que hubo una crisis la semana anterior por el veredicto del caso Gustavo Gatica. Este distanciamiento responde a motivaciones estratégicas de un sector de la izquierda que busca rearticularse como oposición tras la experiencia de gobierno y el triunfo del republicanismo. Analistas como Raúl Burgos (PUCV) señalan que el proceso tomará tiempo y dependerá del desempeño del nuevo gobierno en sus primeros meses. Octavio Avendaño (U. de Chile) proyecta que las distancias se manifestarán con más fuerza una vez que dejen el gobierno, sin incentivos para mantenerse cohesionados. El impacto es clave para el desarrollo del gobierno de Kast, ya que una oposición fragmentada podría alterar la dinámica política y la discusión pública de los próximos años.
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