El Líder Supremo de Irán, Ali Jameneí, ha responsabilizado directamente al expresidente estadounidense Donald Trump por las víctimas y daños resultantes de las recientes protestas en el país. En declaraciones realizadas el sábado 17 de enero de 2026, Jameneí denunció un supuesto complot orquestado por Washington e Israel con el objetivo de desestabilizar a Irán, acusándolos de interferir en los asuntos internos de la nación. Esta acusación surge en un contexto de tensión creciente, marcado por una ola de manifestaciones que ha dejado un saldo trágico de muertos y miles de detenciones, exacerbando las ya complejas relaciones internacionales de la región. Las protestas, que han sacudido a Irán en los últimos meses, reflejan un malestar social profundo y han sido objeto de atención global, con observadores internacionales expresando preocupación por los derechos humanos y la estabilidad política. La respuesta de Jameneí subraya la narrativa oficial iraní que atribuye la agitación interna a influencias externas, en lugar de reconocer causas domésticas, lo que podría tener implicaciones significativas para la diplomacia y las sanciones económicas en curso. Este episodio destaca la persistente rivalidad geopolítica en Oriente Medio y la instrumentalización de crisis internas para fines políticos más amplios, afectando tanto a la población civil como a las dinámicas de poder regionales.
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