Vacaciones escolares reordenan el cuidado y tensionan acuerdos parentales vigentes | Publimicro

Vacaciones escolares reordenan el cuidado y tensionan acuerdos parentales vigentes

El receso escolar suele reactivar conflictos en familias con regímenes de cuidado definidos, particularmente en el ejercicio de la relación directa y regular, evidenciando brechas entre los acuerdos formales y su aplicación práctica en períodos sin rutina.

Cada período de vacaciones escolares obliga a muchas familias a reorganizar completamente su sistema de cuidado. La suspensión de clases elimina el principal eje estructurante del año y expone, con especial crudeza, las fragilidades de los acuerdos parentales existentes, incluso cuando estos han sido fijados judicialmente.

Desde la experiencia profesional, la abogada de familia Natalia Reyes Inostroza advierte que el conflicto no se origina en las vacaciones, sino que se manifiesta con mayor claridad durante estos períodos. “El receso escolar no genera el problema, lo revela. Cuando la rutina desaparece, quedan en evidencia acuerdos poco claros, comunicaciones deficientes y una distribución del cuidado que no ha sido realmente consensuada”, explica.

En la práctica, las vacaciones obligan a redefinir horarios, traslados, tiempos de convivencia y responsabilidades cotidianas, especialmente en lo relativo a las visitas, pernoctas y formas de contacto entre padres e hijos, aspectos que muchas veces no fueron previstos al momento de establecer los regímenes de cuidado. 

A ello se suma la ausencia de regulación sobre llamadas y videollamadas, que durante el año operan de manera informal, pero que en períodos sin rutina se transforman en un nuevo foco de conflicto. Esta falta de anticipación provoca fricciones que escalan rápidamente, sobre todo cuando existe una relación parental deteriorada o escasa disposición al diálogo.

 Reyes observa que estos escenarios derivan con frecuencia en consultas urgentes y acciones judiciales de corto plazo. “Los tribunales reciben solicitudes para resolver situaciones que se repiten cada año. No se trata de conflictos excepcionales, sino de una dificultad estructural para ejercer la corresponsabilidad parental de manera efectiva”, señala.

 El impacto de estas disputas no es menor en niños y niñas, quienes enfrentan cambios abruptos, incertidumbre y tensiones adultas en períodos que deberían ofrecer mayor estabilidad emocional. “Cuando el cuidado se vive como una carga negociable solo en vacaciones, o cuando el contacto con uno de los progenitores queda sujeto a decisiones unilaterales, el costo lo asumen los niños, no los adultos”, agrega la abogada.

 Desde el punto de vista jurídico, la especialista enfatiza la necesidad de construir acuerdos que contemplen explícitamente los períodos de receso escolar, incluyendo reglas claras sobre la relación directa y regular y los mecanismos de comunicación a distancia, con criterios de flexibilidad, previsibilidad y foco en el interés superior del niño. “Las vacaciones no deberían ser un paréntesis conflictivo, sino una extensión coherente del sistema de cuidado que rige durante todo el año”, concluye.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Publimicro.

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