En la recta final de su mandato, el Presidente Gabriel Boric ha intensificado su despliegue territorial, marcando una clara estrategia de despedida que busca dejar huella en obras públicas y, al mismo tiempo, enfrentar un desafío político pendiente: su primera visita a Rapa Nui. Este movimiento no es solo ceremonial; ocurre en un contexto donde la relación con el territorio polinésico está bajo presión tras el rechazo local a un proyecto de autonomía y la remoción de una embajadora clave. Entre el 29 y 30 de enero, Boric viajó a Atacama y Antofagasta, donde lideró la firma de decretos para proteger salares, inauguró el Museo Regional de Atacama y participó en ceremonias de agua potable. Luego, en la región de Aysén, lanzó obras viales, inauguró el Hospital Dr. Leopoldo Ortega en Chile Chico y promulgó leyes sobre sistemas eléctricos. Aunque canceló una visita a Magallanes por motivos personales, La Moneda confirma que mantendrá giras regionales. Además, se prevé que en la tercera semana de febrero realice por primera vez una gira de tres días a Isla de Pascua, un viaje que se anticipa complejo. Este viaje a Rapa Nui llega en un momento delicado. Recientemente, la comunidad Honui, que agrupa a unas 32 familias, informó que en una consulta el 2 de enero, el 89,3% de los votantes rechazó el proyecto del Ejecutivo para crear un gobierno autónomo en la isla.
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